EL CONVENTO DEL HORROR
Una joven de San Florencio decidió ingresar en un convento de religiosas. Guiándose por un croquis que le hizo el cura de la parroquia, la chica llegó a la puerta de la enorme casa tétrica y misteriosa en la ciudad de Lesyac.
Tocó la puerta y las monjas la recibieron. Esa noche al lado de la cama, debajo del velador de la habitación que le habían designado, encontró la carta de una chica que, al parecer había estado en el convento unos días atrás. Decía:
"Querida familia, este convento está endemoniado. Las monjas no son humanas. Por las noches realizan cultos satánicos, hacen ruidos muy extraños y espantosos. Ayer intenté avisar a la chica de la habitación de al lado, pero cuando entré vi al antropófago que se estaba comiendo sus brazos, regresó a ver y me vio. Tenía una cara aterradora, su rostro parecía carcomido por otro ser come carne. Bajé corriendo al sótano y abrí la puerta desesperada. Allí estaba aquel ser espantoso, parecía el demonio mismo, con sus fauces llenas de sangre y carnosidades humanas. Tengo miedo. No puedo salir, ayer cuando lo intenté aquel ser me atacó vorazmente. Temo ser alimento de ese extraño monstruo o del antropófago como la otra chica.
Por favor vengan a buscarme.
Anie."
Allí se acababa la carta, la joven, intrigada, bajó las escaleras y abrió la puerta del sótano para ver lo que había en su interior y al abrirla vio un altar de piedra que tenía una muchacha muerta atada con cadenas, sin rostro, sin brazos ni ojos, y en la pared estaba escrito con sangre: Anie.
La joven se quedó petrificada de miedo, y en cuanto sintió un fuerte resollar a su espalda regresó a ver.

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