PERDIDO
¡Ahí estoy!
En la última escoria de una ciudad podrida, que goza con el dolor de quienes la habitan. ¡Ahí!, transido. No tienes más que un sinnúmero de deudas. Tus acreedores no te darán nada, porque no tienes nada, ni te lo mereces. La gente que confía en ti ya no lo hará más, porque te ven inválido de corazón y mente. Tratas de justificar tus acciones con un analfabetismo propio de quien huye de las oportunidades. Intentas escribir una historia ansiando que alguna vez tus hijos la miren y te recuerden, pero nadie sabe como será la vida de ellos luego de tu partida. ¡No tienes otra salida! Tus sueños se vieron abatidos con un puñetazo propio de un boxeador que sube al Rin sin haberse preparado. Mírate ante ti; tan solo ante ti. Sabes quien realmente eres. Un don nadie de la vida; un precursor de recursos faltantes, un impulsador de sueños ausentes, los cuales no existen más que en tu perdida imaginación. ¡Quién confía en ti! ¡Dime quién!, respuesta tan fácil de concretar, ¡nadie! Tienes que entender que ésta es la última salida. No puedes hacer más que iniciar una nueva vida, volverte a endeudar y volverte a morir, pues no tienes otro destino. Tu vida esta marcada por tu incompetencia. Eres el proyecto a medio hacer de tu creador. Talvez fuiste quien diera una nueva revolución, talvez ibas a ser un gran escritor, abogado o medico. Pero ya no hubo materiales para terminarte como obra perfecta, el resto lo tienes que lograr por tus propios medios. Tienes la idea de lograr grandes cosas, pero no haces ni lo harás porque no lo podrás hacer. Ya estas demasiado perdido. A tu corta edad estás perdido en un abismo sin fondo, no eres diferente a otros grandes soñadores que murieron en la inmundicia. Tienes dos opciones agarra el arma o sigue en donde estás y arruina para siempre a tu familia. No eres más que un desgraciado de la vida que vivirá perdido hasta el día de su muerte, que espero sea pronto. Y no me mires así, porque tu mismo te has construido este castillo de ilusiones y te encerraste en él sin darte cuenta que emparedaste la puerta.
Me da asco tu ironía y la antipatía fingida que vienes trayendo desde que te conozco. ¡¿Recuerdas a la pobrecita de la abuela?! Ella te dio todo, pero nunca lo aprovechaste. Quisiste hacer las cosas a tu modo sin darte cuenta que no eres más que una treta del destino. Yo sé, que quieres que todo esto termine, pero necesitas más que un simple cuerpo inverosímil. ¡¿Creíste que leyendo todo el día podrías sustentar una familia?! Pues no lo has logrado, ni lo lograrás. Nadie se ha hecho rico leyendo, y tú no te convertirás en nada. No eres nada, ni siquiera un mediocre escritor. ¡Mírate las manos! no son más que comunes. Todo tú eres un ser común, gracias a ti jamás podré surgir en la sociedad. He visto las noches que te desvelas por no tener dinero. No tienes más que cogerte la cara y lamentarte, eres un ser patético que conduce a un ser extraordinario a la perdición, pero ya no te aguantaré más; aquí termina todo, ya me harté de ti, y de esa ineptitud que propagas como una plaga. ¡¡Maldita plaga!! Ya no aguanto el olor putrefacto de tus errores. Eres tan inepto que todo el mundo se da cuenta. Todo el tiempo he esperado que me liberes, que me dejes ser un ente estupendo; alguien que deje huella en ésta vida, pero tú no me has dejado. Eres un pobre maldito que no surges ni dejaste surgir mi genialidad. ¡No eres nadie! Ya me harte de ti, ¡¿Recuerdas cuando la dejaste ir a la Andrea?! Pues tú sabías que la amaba, y sin embargo, la dejas ir así como dejaste ir a todas las mujeres lindas que se acercaron. Eres un despojo y poco a poco la gente se alejará completamente de ti. Hazme caso no tienes otra salida, tu no te avergüenzas, pero yo ya no aguanto que la gente nos quede viendo mal, cuando tu no pagas tus deudas, cuando haces mal las cosas y luego no te resignas a perder, porque ¡Claro! ¡Nunca has sido un buen perdedor! Ya pienso abandonarte, dejarte ahí botado, ya no puedo seguir con alguien así. ¡Nunca me has apoyado! Ni siquiera cuando nos robamos aquel objeto valioso de nuestros vecinos; tú me metiste en eso y luego me delataste, porque fuiste tú, yo nunca dije nada, no quería que tú o yo quedemos mal. Aunque sabía que fue idea tuya, otra de tus ideas absurdas que jamás han tenido un buen desenlace, pero, sin embargo no te delaté, pero tu lo hiciste. Por eso yo te abandono, porque nunca me has servido para nada más que darme problemas, yo sé que puedes disparar, pero no lo quieres hacer. Talvez me quieras inculpar también. ¡Mírate!, ¡Puedes hacerlo!, pero no. ¡¿Quieres que yo quede culpable o no lo piensas hacer?! Tratas de matarme, pero no importa yo me cansé de éste mundo absurdo que he vivido a tu lado, un mundo mediocre en el que no pude ver más patrimonio que las limosnas que recibíamos de nuestra familia. Por eso me reniego de ti, porque mi vida contigo ha sido inmisericorde, y pienso alejarme de ti lo más posible. Tú seguirás tu destino, pues desperdiciaste mi compañía, mi apoyo incondicional para todas tus ideas locas, y no dirás que no te he defendido, porque, ¡¿recuerdas cuando pensaste en ponerte un negocio?! ¡Yo te apoyé!, y lo defendí a capa y espada, pero tu no hiciste nada por sacarlo a flote, por eso nos fuimos ala quiebra. ¡¿Y recuerdas de aquella chica que conocimos esa tarde?! Sí, la Eunice, esa, ¡¡Recuerdas!! Cada vez la visitábamos, pero tu como siempre. Aunque yo te hacía unas lindas cartas, porque no me puedes decir que no eran lindas, las cartas de amor y los poemas que le hacía para a que tú le entregues; pero, sin embargo, siempre te dejaste. Nunca la pudiste tener cerca siquiera. No eres un hombre para ella, como no lo eres para nadie. Así que no te aguanto; ya quiero verte tendido en el piso muerto para ver si así se me termina mi maldición, para ver si me alejo de ti de una vez por todas. Si quieres ¡cúlpame! Di que fue en un instante de locura, pero hazlo, aprieta ese gatillo que ya nada tienes que hacer aquí. Este día se termina todo. Ya me cansé de tu maldita ineptitud, es ahora o nunca, si tu no lo haces yo lo haré. ¡No me mires así! Porque tu bien sabes quién tuvo la culpa, aunque ésta vez, soy el primero que quiero verte morir, no participaré. ¡Eso esperas verdad! Que yo sea quien te mate, pero no lo haré. He descubierto que lo único que he servido yo es para que me utilices en tus malditos juegos, y lo digo así, porque nada de lo que has hecho ha sido bueno o ha dado beneficios a alguien. Quiero verte morir aquí, el día de hoy, y no esperes que me vaya. ¡Hazlo tu mismo! Te estoy esperando. Toma aquella copa, tómala y mátate, que ya no aguanto la presión de verte llorar con un arma en la mano. ¡¿Ahora te arrepientes de haberla matado cierto?! ¡¡Ahora te arrepientes!! Sabes que no tienes otra salida, ya no puedes salir huyendo a otros lugares como antes. Ésta es la última vez que te acompaño, pero primero reconoce que tuviste la culpa, que tú la mataste. No quiero que pienses que yo lo hice. ¡Tú lo hiciste! Yo siempre pensé en trabajar honradamente como toda criatura de Dios, pero tú lo echaste todo a la basura. Siempre has dañado todos mis planes, por eso, éste día te terminas. Así qué, o presionas tú el gatillo o lo presiono yo, pero no permitiré que sigas huyendo de tus problemas. Ésta será la última vez que lo haces, por lo menos ya no te veré jamás y estaré tranquilo. ¡Y no me mires de esa forma!, porque si tú no lo haces yo lo haré…
Un sonido sordo apagó el silencio de la habitación, su familia entró y encontraron el cuerpo de Juan sin vida, y a su lado: el arma homicida, una botella de Wisky, y un espejo…
Onajolamat 24-01-07

Tags: CUENTO FICCIÓN