DESPEDIDA
Rafael, nuestro niño esta creciendo, en aquel pequeño cuerpo de hombrecillo; estira sus patitas y pretende dar pasos de gigante. ¡Ahh! si pudieras ver la sonrisa que al tocarle el rostro esbozan sus pequeños labios.
Todas las mañanas el pequeño llora, a veces tan solo para pedir algo de alimento otras para indicar que tiene sueño. Ahí, a su tierna edad pudiese llorar por todo, excepto por la muerte de su padre. ¿Notará tu ausencia algún día? Al llegar el amanecer salimos a enfrentar el sol como quien da gracias por un nuevo día, no sabemos si mañana estaremos aquí o si ya no existiremos. Aquel que notaste crecer en mi vientre cada día se torna más travieso. En sus ojos logra ver una oportunidad para vivir.
He prometido no volverte a llorar y empezar a vivir de nuevo.
¡Por qué me traicionaste! Cuando aún no sanaba mi vientre de tu primer hijo. ¡Que tonto fuiste! aquella bala no era para ti. Pero... ¿quién pensaría que estabas con ella esa noche? Sabes que un asesino no perdona héroes ni testigos. ¿Qué te hizo pensar que éste sería la excepción? Ahí, en su mediana estatura, cabello rizado y tez morena, él no muestra algún rasgo de ingenuidad.
Me despido Rafael, no volveremos a visitarte, tampoco lloraremos por ti. Llevo conmigo el recuerdo más grande de nuestra relación.
Aquella mujer que se encontraba hincada al pie de la tumba sacó de su bolso negro una flor amarilla, y la colocó sobre el epitafio. Luego se incorporó; se persignó, dio vuelta, y caminó hacia un hombre de mediana estatura, cabello rizado y tez morena, quien la recibió con un beso y le entregó un niño en sus brazos. Enseguida la abrazó, y salieron caminando sin rumbo fijo.
Onajolamat 14 de prima del 2007

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