Martes, 24 de abril de 2007
EL CHEPO




-Chuta loco la jodiste, como pretendías sacar a la animadora de “Sugar y azúcar” a bailar viendo que estaba con el enamorado, por tu culpa ya no entraremos al bar. Ah… y agradece que no llamaron a los chapas porque nos mandaban a “Cana” por las huevas-
Le decía Henry a su inseparable amigo de tragos Alexis Espinoso, más distinguido como “El Chepo”
-No… notaste-, respondió él -la hembra se desleía por mí, ¿no te diste cuenta…? ¡A lo que entró me contestó el saludo con una sonrisa!-
-¡Si! Pero ella sale en televisión y casi toda la ciudad la conoce es obvio que contestaría con una sonrisa-
- igual esa pelada es como tabla “nada por delante nada por detrás” que se hace la buena conmigo.
-Si pero la pelada estaba abrazada con el enamorado Además es bar no discoteca pretendías “hacer la foca” bailando como tontos. Ah… y para colmo te pones bravo y comienzas a decirle tu típico “¡Que no puedo…! Ah… ¿Qué no puedo…? ¿Acaso no tengo derecho…? ¡Ah…! ¡Va jueputa chuza verta! ¿Qué no puedo…? La verdad pana la cagaste.
Comentaban mientras salían del bar con rumbo inexplorado, ni tanto, ya que constantemente frecuentaban un parque cercano, continuaban con la chupa, lo cierto es que mientras estaban en el bar, éste se propuso invitar a bailar en medio de las mesas a una animadora local de televisión que se encontraba muy abrazadita e intercambiando gér-menes con su “Cojudo” al rato se armó el “Bochinche” porque ésta no quiso bailar hacerlo Chepo se disgustó y luego de decirles sus típicos enunciados a ella y a quien quisiere detenerle, lanzó un vaso sobre la cabeza del cojudo, perdón del enamorado.
Con unas “Leches” tremendas que solo un pendejo puede tener, casi de milagro consiguió evadir el fulminante vasazo que tenía por objetivo su frente yendo a parar sobre las titilantes luces violetas de la pared.
Su propietaria del bar casi muere de la impresión viendo que uno de sus vasos Italianos por poco sería el promotor de un infortunio, eso era algo que nunca había percibido en su tan culta tierra. Al ver esto los meseros precipitadamente se abalanzaron sobre el Chepo, que ya estaba en camino de consumar con sus propias manos la misión fallida del Italiano vaso, mientras otros sujetaban al dueño del local para que no abatiera con puñetes al cojudicida.
El inconveniente cesó cuando Henry amablemente accedió a sacar a Chepo del bar.
Pero las proezas del Chepo eran múltiples, su anchuroso historial de Cheponadas iniciaron desde que éste cursaba el segundo año de colegio, al no llegar a tiempo del receso junto con dos de sus compañeros, el educador le inscribió una fuga en son de optimizar la conducta y puntualidad de los colegiales, una fuga era similar a catorce faltas injustificadas inmediatamente el parte fue enviado por el “Chupa medias” a la oficina del inspector quien asumiría la gestión de llamar a los representantes para notificarles lo sucedido. Una fuga era una falta muy grave para los estudiantes del colegio más religioso de la ciudad, pero el Chepo no podía dejar que su maestro haga de las suyas así que convocó a sus camaradas de fuga y organizó un asalto a la delegación del inspector para suprimir aquella falta y no dejar que rebase hasta su carpeta de archivos. Al llegar la tarde los tres fugados se encontraron en la puerta de la inspección, acarrearon llaves viejas, una cierra y el Chepo con su gran imaginación decidió llevar un martillo que le pertenecía a su abuelo. Ansiaron fracasadamente abrir la puerta, luego intentaron con las ventanas sin progreso alguno hasta que se les ocurrió destrozar el cristal de una ventana para abrirla y meterse a lograr el documento que los sancionaba, en eso infirieron que no convendría hacerlo por tanto cualquiera se daría cuenta que fueron ellos ya que la únicas fugas de aquella semana eran las suyas, pero pensaron que un vidrio cualquiera lo consigue romper.
Como en todo equipo de trabajo y también en los de asalto, los componentes se identifican por algo, el uno al cual le decían “Cuchucho” era el figuretti y además se las daba de valiente, el “Chepo” era tirado a listo y por último queda el “Pato” éste era retraído, pajero, miedoso, y bien Patricio, ya saben a lo que me refiero. El primero dándoselas de macho se enredó una camiseta en el puño y le propino al delgado cristal un derechazo que acabó rompiéndolo, luego siguieron el plan pero el escritorio del inspector estaba íntegramente vacío, solo unos carteles con mapas que utilizaban los maestros para dar clases yacían en un rincón de la oficina.
Despechados por el acaecimiento salieron con las manos vacías, y con un pequeño cargo de conciencia sobre ellos, al transitar por las aulas Cuchucho procedió a experimentar suerte con otro vidrio pero esta vez no lo consiguió así que apresuradamente Chepo saco el martillo y acabó rompiéndolo, eso les concedía cierto grado de satisfacción y valentía claro menos al Pato que ya se hallaba unos metros atrás con considerable miedo tratando de escabullirse de sus vandálicos amigos. Uno tras otro fueron cayendo en batalla los delgados cristales hasta que alcanzaron la suma de cuarenta y cuatro, lo que ellos no advirtieron era que desde lejos un “Sapo” ya les tenía el ojo encima.
Al día siguiente, todos los estudiantes conocían la hazaña de unos valientes compañeros aunque no sabían quienes eran, ya subieron al grado de “Qué propios” El trío decidió no comentar ni una sola palabra de lo sucedido, pero el sapo ya había corrido con el chisme, al iniciar la jornada, la profesora de ciencias los nombró y los envió a la oficina de trabajo social. Mientras salían de clase un compañero les preguntó en secreto:

-¿Ustedes fueron quienes rompieron los cincuenta vidrios del Básico?
Chepo le objetó…
-¡Acaso fueron cincuenta! ¡Cuarenta y cuatro nomás fueron!

Al llegar a la oficina de trabajo social Chepo les tenía advertido que negaran todo lo acaecido, pero esto de nada les sirvió porque el docente se adelantó a explicarles que no merecían ninguna otra punición que restituirles las carpetas y enviarlos a que busquen otro colegio alegando que rompieron cincuenta cristales de la institución, Chepo y sus amigos se miraron las caras, pero Pato ya estaba desquebrajado en llanto, Chepo intentó explicarle al trabajador social que simplemente rompieron cuarenta y cuatro éste le contestó que bien pudo ser uno como cien a la final no debían hacerlo y que si quisiere le incluiría a su enumeración catorce planchas de “Eternit” que estaban destrozadas ya sea por los pelotazos de quienes se creían futbolistas o por ellos que pudieron lanzarle piedras. A la final no se encontraban en posición de indicar que nomás hicieron, esto fue suficiente para que Chepo agachara la cabeza llegó la hermana de Pato y se agarró de sus orejas como naufrago a salvavidas, en seguida entró la mamá de Cuchucho quien les propino unos reverendos cocachos para que no lo volvieran a hacer, acto seguido ingresó la abuela de Chepo quien no les hizo nada ni siquiera al Chepo ya que su única iniciativa era pegarles con la media nylon para lo cual no estaba preparada. Con súplicas y palancas Chepo y sus amigos lograron retener las carpetas en el colegio hasta que finiquitara el año con la condición de que al finalizar el mismo se marcharan del establecimiento, sin duda esto les dio cierta fama en el colegio todos los estudiantes los tenían como héroes hasta el día en que abandonaron el recinto escolar.
Esto no era lo único que hacía, constantemente, luego de clases se reunía con su gallada en el domicilio de un amigo para jugar billar y fumar, Chepo se aprovechó de los más cojudos dándoles polvo que obtenía al raspar la pintura blanca matizando a negra de la mugre de la pared de la sala, a los recién llegados, los arrojaba a un charco de lodo alegando que era el bautizo al billar de su gallada.
Luego de concluir el año cambió de colegio, y en este nuevo recinto formó una nueva caterva con la que chuparían, jugarían billar, buscaban peladas, y se fugarían consecutivamente.
Mientras cursaba el quinto curso, regresó su madre, para hacerse cargo de él y sus hermanos, ya que siempre recibían malas noticias de sus hijos especialmente de éste que era el mayor.
Fue su madre a pasar una semana en guayaquil, éste sacó su auto un día antes que ésta regresara, para llegar presumiendo al colegio, resolvió dejarlo en un parqueadero colindante al recinto escolar, después de concluir la jornada decidió instigar a sus amigos a “Dar una vuelta” Enervados de dar vueltas a la ciudad tomaron la ruta a Vilcabamba así mismo, “Hicieron vaca” Para adquirir licor y embriagarse, Chepo no tomaba mucho porque tenía que manejar, sino actualmente fuera otra historia. Luego de beberse todo el dinero que llevaban decidieron retornar. Mientras regresaban a la ciudad muy hambrientos por cierto, y con ganas de seguir tomando, a nuestro amigo se le ocurrió una gran idea “hacer chiva” Chepo admiraba las pequeñas tiendas al costado del camino, localizaron una muy apartada de viviendas circundantes, en la cual atendía una anciana quien fue víctima de estos crueles:
Chepo y uno de sus camaradas bajaron del auto dejándolo aun encendido, luego llamaron a la tendera.

-Buenas tardes señora-. Dijo Chepo.
-Cómo están jóvenes ¿qué se les ofrece?-. Respondió la anciana mientras se acercaba a la pequeña reja de madera.
-Aquí viniendo por un traguito, ¿si querrán tomar las chicas?- le preguntó Chepo a su amigo.
-Si creo- contestó el cómplice.
-señora… ¿podría hacernos el favor de vender dos botellas de aquel licor que está ahí?
A lo que la señora muy comedidamente contestó:
-Claro jóvenes aquí están.
-llévales las botellas a las chicas y pregúntales si quieren tostadas o papas.
Éste, muy obediente accedió, llegó al carro y se las pasó a uno de sus amigos y luego preguntó:

-Chicas digan que apetecen para comer ¿tostadas o papas?
-Papas- fue la contestación que se escuchó desde adentro. -¡Pero de las bien grandes, verás!-

Este retornó con el recado.
-dicen que quieren papas pero que de las más grandes.

La anciana miraba inocentemente la elección de los jóvenes para concederles la mercancía. Lo que la infortunada señora no se conjeturaba es que no existían ningunas chicas y peor aun, ellos no tenían ni un solo centavo, pero si indagamos en el pensamiento de la confiada anciana, ella se sentía muy contenta ya que a su vieja y alejada tiendita no se acercaba ni una alma, es por eso que dentro de sí pensara.

-Que excelentes muchachos ¿Dónde han estado toda mi vida?-

Luego de que la anciana les adjudicara las dos fundas grandes de papas Chepo para despejar dudas le preguntó a su compinche.

-¿Si te alcanza para unos chicle-citos?

Este se miró el bolsillo y respon-dió:

-Sí, tengo acá otro billete.

A lo que el Chepo sin consideración de la inocente anciana dijo:

-Entonces señora ¿podría hacernos el favor de vendernos diez cajitas de chicles?
-De cuales ¿De estas…?- Dijo mostrándoles las pequeñas cajas amarillas de dos unidades.
-¡No! de las grandes por favor.- Enseñándole las que contienen doce unidades.

Luego de que la señora les con-cediera los chicles Chepo le solicitó unos jugos de naranja que se encontraban en la parte superior de la percha, un lugar dificultoso de alcanzar para la anciana, pero ésta consiguió un pequeño y viejo taburete de madera y mientras se estiraba lo máximo posible para conseguirlos Chepo le pregunto:

-Señora… ¿Usted cree en Dios?

Ella regresando a ver les dijo:

-Claro jóvenes, ¿Por qué?

Y estos irónicamente le volvieron a preguntar:

-¿En realidad cree en Dios?
-Sí… -Contestó la anciana a lo que ellos en coro y tono de burla dijeron:
-¡Entonces…! ¡Que Dios le pague!-

Y salieron corriendo y riendo al auto que los esperaba encendido y listo para partir.

Luego de comerse y beberse todo lo que la anciana les concedió, Chepo para que su madre que llegaba en la mañana no se diera cuenta que éste sacó el auto, decidió irse apenas culminó la pachanga con sus amigos, a eso de las cuatro de la mañana y lavar el auto en el río Zamora, en el barrio llamado Zamora Huayco lugar donde el río era más profundo, para luego secarlo con las toallas del baño de su casa.
Cuando su madre llegó a eso de las seis de la mañana encontró todo tranquilito y a su pequeño angelito dormido como una roca en su habitación.
Ya en la universidad fue otro rollo o el mismo pero con mayor libertad, a este lugar asistía con botellitas de agua, pero repletas de puro, para eliminar los nervios según decía él. Lo más representativo fue cuando los profesores pasaban por su asiento y decían:

-“Por aquí me huele a fiesta”

Pero luego éste los convenció a sus maestros para que al pasar por su asiento de rato en rato también le exigieran una copita.

Otro de los acontecimientos que vale la pena aludir fue de un día que se hallaba en la plaza de San Sebastián tomando con sus amigotes de la universidad. Luego de tratar de desclavar sin éxito un teléfono público que yacía en la pared, vio que al otro lado de la plaza se encontraban un grupo de “Putitas” Y un tipo que parecía ser su “Chulo” Chepo ya muy entrado en tragos y con todo el “Embellecedor” haciendo efecto en su cabeza, resolvió acercárseles y ofrecerles una copa sobre todo porque junto al proxeneta se encontraba una puta flaquita y de cabello bermejo, estos se portaron muy partidarios con Chepo y sus amigos, al cabo de unos mi-nutos y unas copas más encima, Chepo decidió abrazarla por la espalda a la rubia, para lo cual ella no opuso ninguna resistencia, luego vinieron los besuqueos entre ellos, y ésta le principiaba a meterle mano al Chepo, éste para no quedarse atrás procedió a hacerlo también, pero grande fue la desconcierto de éste al acertarse, no con la cueva de los leones, sino con un cañón bien rígido y firme, Chepo solo atinó a dar un brinco de la impresión, y vociferar al mismo tiempo que sacaba una cadena que la tenía por llavero y proporcionarle cadenazos al pobre marica.
No sé cual fue el desenlace de aquella noche.

Y así continuaba, aventura tras aventura, hasta cuando decidió que la universidad no era un sitio para él, sobre todo en ese tiempo en el cual nos expresaba que se encontraba:

“En plena flor de su juventud”

Igualmente decidió seguir arrebatando el dinero de las matriculas que muy gustosa su madre le suministraba pensando que su hijo era muy aplicado. Para luego retribuirle haciendo un brindis por ella cada vez que habría una nueva botella.
Cierta vez… Unos educandos de la facultad de “Administración de Empresas” de la universidad.

“Nación Analfabeta Sin Avance” (NASA)

La más permuta y buena de Onajolamat, decidieron hacer una parrillada para lo cual todos solventaron con una cuota en la cual se incluirían los pinchos las cervezas y las colas.
Uno de estos era Henry el amigo entrañable del Chepo, el cual decidió instigar a éste, junto a toda su gallada.

Al llegar al sitio de encuentro Chepo, Henry y dos amigos más, uno de estos era el más sensato de la gallada y prospecto de médico a medio hacer “Tony” y el otro un comerciante fracasado, embustero, embaucador, tirado a guapo y con cara de patojo, más distinguido como “Coco”.
Estos se sintieron un poco retraídos entre tantos desconocidos que los miraban como si fueran “Bichitos raros”. Pero resultaron ser éstos los “Bichitos raros”.
Uno o más bien una, de estos “Bichitos raros” al notar que los “Colados” (como llamamos en Loja a los entrometidos en fiestas impropias) comerían y beberían a vaca. Les preguntó sarcásticamente para ver si se les inquieta la conciencia.

-Chicos. ¿No hay que tomar…?

A lo que Coco sacó tres botellas de su morral que se habían logrado en una promoción de “Vale otra”, (cuando todas las tapillas salen premiadas) y que fatigosos de tanto tomar el día anterior las almacenaron como reservas para el día siguiente, éste le cerró la boca diciendo:

-Aquí trajimos estitas.

Ella callada por el reverendo troncazo que recibió solo atinó en decirle:

-Ah… ya chévere.
Al cabo de unos segundos la dueña de la finca donde se efectuaría la parrillada y la más amistosa de aquel grupo les dijo:
-Pero amigos acérquense, reúnanse miren éste es tal, éste tal y tal

Y procedió a presentarlos a todos. Pero la otra Bichito no se quedó satisfecha y pretendió regresar por más, pensó que se trataba de unos “Don nadie”. Así que la única forma de bajarles la moral era preguntando:

-¿De qué universidad son?

Para luego albergar otro trancazo, esta vez por parte del Chepo, quien le contestó:
-De la “Universidad Táctica Carísima de Loja”

Para lo cual reiteradamente nuestra “Bichito”, se quedó con la boca abierta. Pero ésta mujer era de acero y no pensaba darse por vencida, en algo tenía que hacerlos quedar mal. Luego de que aparecieron unos compañeros (cojudos) de ella con el equipo de sonido y le preguntaron:
¿Dónde están los CDS? Y ésta siendo la encomendada de traerlos no lo había hecho, inmediatamente se dirigió a los colados y les preguntó en tono sarcástico.

-¿Trajeron CDS? Porque nosotros no tenemos.

Ya no hace falta indicarles la expresión de ella cuando Tony aún más sarcástico, le contestó:

-¡CDS no trajimos! Pero… ¡Aquí tenemos mi computadora portátil con cuatro mil canciones de todo género! Que quizás nos pueda servir…

Ella decidió no volver a abrir la boca ni más para preguntar estupideces.
Luego que adquirieron las cervezas y recogieron el equipo de asadero junto con sesenta pinchos que servirían de almuerzo, decidieron tomar tres o cuatro taxis seguidos para que puedan entrar todos.
Chepo y sus amigos ingresaron rápidamente a ellos y no ayudaron a cargar las cosas, ni tampoco costearon el taxi en el que se encontraban.
Al llegar a la finca y abrieron la puerta de la casa de campo, Chepo y sus amigos fueron los primeros en sentarse, encendieron el equipo de sonido y lo enlazaron a la computadora, esperaron que los cojudos de los muchachos que organizaban, llegaran con las cervezas para luego pedirles a ellos mismos que las abran.
Chepo se tomó a cargo la repartición de cervezas diciendo:

-A ver toma una Coco.
-Una para ti Henry.
-Tony ésta es tuya.
-Y una para mí.

Inmediatamente abrió otra, agarró los vasos desechables que se hallaban sobre las cervezas y les dio un vaso a los cuatro cojudos que esperaban deseosos, Chepo quería darles de a vaso a cada uno pero éste más cojudo se toma enseguida un trago y la trasfirió al siguiente y así continuaron be-biendo de trago en trago hasta terminar.
Las mujeres eran las comisionadas de preparar los pinchos mientras los hombres se entretenían (menos los cojudos) escuchando música y bebiendo cerveza en la sala hasta que estuviera todo listo para comer.
Dentro de la sala a Chepo se le ocurrió brindarles preferencia de música por unos segundos a los cojudos diciéndoles.

-¡Muchachos! ¿Qué tipo de música les gusta?
-¡Románticas!- Contestaron los ilusos
-¿Como cuales? ¿Cómo ésta…?
-¡Si esa misma! ¡Está propia!- Dijeron
-Que pena, porque eso mismo es lo que nosotros no queremos escuchar, ¡Así que oiremos…! ¡Esto!
Los cojudos dentro de sí se comían… ¡Si! ¡De esa! ¡De la más grande! Mientras Chepo y sus amigos la gozaban al ritmo de “Boss of me” la canción de “They Might be Giants” tema de la serie de “Malcom in the middle” E himno principal de su gallada. (You’re not the boss of me now, you’re not the boss of me now, you’re not the boss of me now, and you’re not so big&hellipGui?o
Llegando la hora del anhelado almuerzo, Chepo y sus amigos se colaron en el patio donde se estaban calentando los pinchos.
Los cojudos llegaron luego, pero no por mucho tiempo ya que las Bichitos les ordenaron a traer las cosas de la sala. Con todas las cosas ya listas ahí, Tony agarró una botella de gaseosa de tres litros y se la trasladó a su grupo quienes muy tranquilos esperaban sentados cómodamente en las únicas cuatro sillas que habían.
Mientras las chicas servían el almuerzo, el cual consistía en dos grandes y acicalados, pinchos de carne con embutidos varios, pero como era de esperarse, Chepo y sus amigotes no se conformarían con tan poco, así que decidieron tomarse dos pinchos más y luego otros dos para cada uno, mientras que a los pobres cojudos les toco conformarse con los dos únicos pinchos que les sirvieron inicialmente, lo mismo sucedió con los vasos de cola.
Como Chepo se hizo cargo de la música sin dejar que ninguno de los cojudos introdujera las manos, el almuerzo se disfrutó, o más bien dicho; lo disfrutó, con lo que sus amigos y el prefirieron:
Rock, Punk, y las notas de Paganini.
Luego de lo que sería la primera comida para Chepo y sus amigos éstos retornaron a la sala listos para armar la farra con las únicas cinco y heladas cervezas enlatadas que habían, las cuales fueron llevadas por una de las chicas, no está por demás aseverar la envi-dia que en ese momento los cojudos sintieron mientras llevaban las jabas de cerveza y el equipo de sonido a la sala.
Ya emprendida la fiesta. Chepo, Coco, Henry y Tony se tomaron a cargo a las únicas cuatro chicas que quedaban, ya que la mayoría de muchachas incluida la Bichito impertinente se marcharon del lugar.
Estos, sinvergüenzamente bailaban con las chicas los bailes más exóticos y sexualmente sensuales con botella en mano, frente a los cojudos que solo atinaron a poner cara de pendejos mientras se repartían los tragos de los vasos que repentinamente recibían por parte del Chepo. Ya exhaustos, los amigos de Chepo resolvieron brindarse por segunda vez un amplio refrigerio, luego de esto, Chepo sintiendo reseco su cabello se acercó a la llave de agua, y encontrándose sin la manija para abrir, éste le preguntó a un cojudo que justo pasaba por ahí:

-¿y esto como se abre?

A lo que el cojudo muy comedida y rápidamente entró a buscar algo para abrirla, luego se aproximó con un playo y realizando esfuerzos la abrió, para que luego Chepo se mojara las manos, se las lleve al cabello, e irse inmediatamente sin ni siquiera agradecerle.
Los cojudos ya tupidos de tanta humillación en su propio terreno y pertenencias, decidieron marcharse, no sin antes agradecer por las bondades y facilidades que el Chepo y sus amigos les propor-cionaron en la fiesta.
Mientras les cerraba la puerta a nuestros queridos amigos, en tono muy apegado y sincero exclamó:

-¡Muchachos! ya pues asomarán para ver si “hacemos…” ¡otra parrillada!

Entre copas y el afamado juego de la botella, no faltó una aburrida que diga:

-¡Vamos que ya es tarde!

Pero la dueña de la finca ya se encontraba muy entretenida haciéndolo sollozar y clamar al Chepo mientras le mordía alocadamente sus labios, ésta simplemente pudo acompañarles a la puerta.
Luego de tragos y más tragos llegó la noche.
Pero en el aire se sentía cierto sabor de aburrimiento para lo cual éstos decidieron animarse haciendo “Mosh” Saltando, gritando, pateando lo que estuviera a la vista, es así qué… Chepo se puso a brincar sobre los muebles mientras sostenía en sus manos una escoba, instrumento que ser-viría para brindarle fuertes escobazos al inofensivo, desgastado y antiguo techo.
Coco a su vez… Corría de un lado a otro pateando las paredes como quien quisiere abatirlas. Henry y Tony se magullaban entre si, mientras pateaban las botellas del lugar.
Todo esto ocurría a la vista de la desventurada dueña de casa, quien yacía de pie y muy desconcertada en el marco de la puerta.
Luego de haber hecho todo lo que pudieron haber hecho, y destrozado todo lo que pudiera ser destrozado, optaron por marcharse.
Ya en el camino que no era para nada corto, procedieron a molestar a quien se asomara, haciéndose pasar por “Mariquitas”, Agarrándose de dos en dos la mano y preguntándoles en tono de travesti a quien pasare por su camino si quieren estar con ellos, indicándoles que son muy lindos, que les den un beso, etc.
Y es así que, no falta aquel transeúnte avispado que optó por seguirles el juego regalándoles a éstos un beso volado diciendo:

-¡Tengan…! para las dos.

A lo que todos dijeron:
-¡Qué… muy maricón!

Y persiguieron al pobre infeliz a pedradas por la carretera.

Otra vez… Se juntó con un amigo el cual vigilaba un parqueadero. Aquella noche bebieron pa-ra celebrar la navidad junto con otros cuatro amigos, ya entradito en copas y muy cansado por la madrugada, el amigo del parqueadero decidió dormir un momento como para descansar, y dejó a Chepo junto con sus amigos que continúen tomando en su casa. Pero la tranquilidad no duró mucho porque Chepo y sus otros amigos vándalos por naturaleza, tomaron las llaves de un carro que se guardaba en el parqueadero y coincidieron en sacarlo para ir a comprar trago pensando traerlo de regreso sano y salvo y sin que su amigo se diera cuenta que lo tomaron prestado. Pero las cosas no marcharon tan bien ya que al considerarse tan libres decidieron irse en el carro a tomar en un mirador de la ciudad, momento después y movidos por la adrenalina decidieron dar una vuelta por donde las chicas de la vida fácil en los alrededores de la ciudad pasando por una carretera pedregosa y llena de fango, lo indiscutible es que el carro se les quedó atascado en un barranco y casi no lo lograron sacar, luego de esto uno de sus amigos que no había disfrutado niñez decidió subir la velocidad y franquear a toda má-quina por encima de un rompe velocidades más conocido como “Chapa acostado” El carro ya casi destrozado pero aún cami-nando llegó a duras penas a la ciudad para trasladarse posteriormente al centro, y luego de colisionar a un taxi por la parte posterior decidieron escapar a toda velocidad invadiendo vía hasta perderlo, posteriormente lo dejaron sucio y dañado en las afueras del parqueadero. Cuando dieron las seis de la mañana, casi no puedo describirles el sobresalto que se llevó el dueño del auto al ver a su bólido destrozado en la calle.

Chepo y sus aliados se dieron a la fuga.

En el momento que el dueño del automóvil entró a reclamarle al dueño del parqueadero éste yacía en su cama absolutamente dormido como si fuese una roca, el cual no podía ni siquiera conjeturarse lo que pasaba. Luego de eso el propietario del parqueadero le demandó al Chepo por lo que había hecho y éste muy chabacano se excusó diciendo:

-¡Solo fui a darme una vueltita!
En este momento el Chepo se encuentra en un sitio para alcohólicos al cual ingresó por su oportuna voluntad y se considera que ya mismo lo culmina con éxito porque…

¡Ya nos invitó para el chupe de graduación!
Mi recomendación para éste y todos los Chepos del mundo es:

¡No sean tan hijueputas!

Tags: Chepo, chepa, cuento ficción, cuentos, anécdotas

Publicado por franzstephen @ 16:21  | CUENTOS FICCI?N
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