Mi?rcoles, 25 de abril de 2007
EXPERIENCIA RELIGIOSA.

No es el t?tulo de una canci?n; ?no!, es la escena que matiza un pelda?o por los que asciende la joven que tuvo el acierto de escapar a la vida civil.
A los diecisiete a?os, cursando el cuarto a?o de colegio, Damely siti? que su alma estaba siendo iluminada por una luz conocida pero extra?a. En la Semana Santa del a?o mil novecientos noventa y seis, semana en que la reconciliaci?n con Dios es exigida, se le ofreci? un porvenir bonito, nada forzado dentro de un convento de religiosas. Ella, cuya ni?ez hab?a vivido protegida con el amor de sus padres, cuando Dios se la quit? a su madre en su aurora juvenil, fue pose?da por la inseguridad y el temor para enfrentar los retos de la vida. Ciega en su ambiente familiar, crey? perfecta la idea de ?refugiarse? en un convento de religiosas, quiz?, como poni?ndose a la vanguardia para ganarse el reconocimiento y respeto ante su de su familia y su pueblo.
Despu?s de mantenerse por el lapso de seis a?os intentado llevar adelante la vida de religiosa; buscando demostrarse as? misma que sus dones para sobrellevarla eran fuertes y profundos, que har?a de su existencia una propiedad exclusiva de Dios; seis a?os en que sus ojos vieron m?s que caras bonitas cubiertos con un h?bito azul en un momento de oraci?n en la iglesia, se dio cuanta que la vida dentro, no era bonita, ni f?cil, para las siervas que vienen desde abajo: era visible la discriminaci?n maquillada en una herrumbrosa costumbre de ponerlas a prueba en los famosos votos de castidad, pobreza y obediencia, a pretexto de comprobar la verdadera vocaci?n de las personas que se pondr?n al servicio de Dios.
Antes de ingresar a su formaci?n religiosa, en su mente se figuraba la idea de una formaci?n human?stica, de principios ?tico-morales, forjadores de una realizaci?n integral para las personas; convencida de que se convertir?a en la v?lvula de escape de muchos seres humanos cuyas vidas se desenvuelven en un pauperismo de salud, educaci?n, alimentaci?n; de principios, de creencia: la desilusi?n no tard? en ser visible ante sus ojos, se dio cuenta que la teor?a no conflu?a con la pr?ctica, que se predicaba una cosa y se hac?a otra. Llev? una vida de facto, al servicio de una organizaci?n religiosa furtiva y orientada a mantenerse como tal, y no, para servir a sus semejantes en funci?n de la grandeza de Dios. La incertidumbre se adue?a de sus ideas al creer que las pruebas por las que tienen que pasar las aspirantes sean pr?cticas funcionales, porque siempre se escuchar?n rumores sobre delirantes romances entre h?bitos y casullas, o que la ?santa mafia? se pasee por las calles en veh?culos ?ltimo modelo, o que la palabra de Dios que exige una pr?ctica objetiva de sus teor?as, cada vez siga siendo una profesi?n en lugar de una vocaci?n.
Para Damely, los temas como la sexualidad han seguido siendo un mito; el principio de convivencia humana, un mural; ?acaso no se les ha considerado como personas que pueden ser ?v?ctimas? de la curiosidad sobre su propio cuerpo, por la que sus vocaciones pueden tropezar?, o ?la pol?tica con la que se mantienen estas organizaciones, tienen principios de sobrentendimiento en los temas de formaci?n human?stica? Durante los seis a?os se les ha convertido en altavoces de rezos y pr?dicas est?riles, garantizadoras de la sobre vivencia, del cada vez m?s aniquilado, ?sistema religioso?.
Hoy ha formado su hogar luego de enfrentarse a los vociferantes comentarios y al reto de adaptarse a la vida normal. Reconoce haberle servido de algo aquella experiencia al servicio de un convento religioso, sin estar segura de que esto garantice una mejor esposa, madre o hermana; concluyendo que el progreso en desmedro de la Iglesia cat?lica, se debe a la incoherencia entre la palabra y las acciones; considerando que el servicio a Dios no reclama h?bito.
WILLMAN MOROCHO
Publicado por franzstephen @ 21:42  | CR?NICA LITERARIA
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