S?bado, 11 de agosto de 2007

Perdido

 

 

 

¡Ahí estoy!

 

En la última escoria de una ciudad podrida que goza con el dolor de quienes la habitan.

 

¡Ahí!, transido. No tienes más que un sinnúmero de deudas. Tus acreedores no te darán nada, porque no tienes nada ni te lo mereces. La gente que confiaba en ti ya no lo hará, porque te ven inválido de corazón y mente. Tratas de justificar tus acciones con un analfabetismo propio de quien huye de las oportunidades. Intentas escribir una historia ansiando que alguna vez tus hijos la miren y te recuerden, pero nadie sabe cómo será la vida de ellos luego de tu partida.

 

¡No tienes otra salida! Tus sueños se vieron abatidos con un puñetazo propio de un boxeador que sube al Rin sin haberse preparado. Mírate, ¿sabes quien realmente eres? Un don nadie en la vida; un precursor de recursos faltantes, un impulsador de sueños ausentes, los cuales no existen más que en tu perdida imaginación.

 

¿Quién confía en ti? ¡Dime quién! respuesta fácil de concretar, ¡nadie! Tienes que entender que esta es la última salida. No puedes hacer más que iniciar una nueva vida, volverte a endeudar y volver a morir, no tienes otro destino. Tu vida está marcada por la incompetencia. Eres el proyecto a medio hacer de tu creador. Tal vez fuiste quien diera una nueva revolución, tal vez ibas a ser un gran escritor, abogado o médico, pero ya no hubo materiales para terminarte como obra perfecta, el resto lo tienes que lograr por tus propios medios.

 

Tienes la idea de lograr grandes cosas, pero no haces ni lo harás, porque no lo podrás. Ya estás demasiado perdido. A tu corta edad ya estás en un abismo sin fondo, no eres diferente a los grandes soñadores que murieron en la inmundicia. Tienes dos opciones: agarra el arma y dispárate o sigue donde estás y arruina para siempre a tu familia.

 

No eres más que un desgraciado en la vida, y vivirás perdido hasta  el día de tu muerte que espero sea pronto.

 

¡No me mires así! porque tú mismo has construido este castillo de ilusiones y te encerraste en él sin darte cuenta que emparedaste la puerta.

 

Me da asco tu ironía y antipatía fingida que traes desde que te conozco. ¡¿Recuerdas a la pobrecita de la abuela?! Ella te dio todo, pero nunca lo aprovechaste. Quisiste hacer las cosas a tu modo sin darte cuenta que no eres más que una treta del destino. Yo sé que deseas que todo esto termine, pero necesitas más que un simple cuerpo inverosímil.

 

¡¿Creíste que leyendo todo el día podrías sustentar una familia?! Pues no lo has logrado ni lo lograrás. Nadie se ha hecho rico leyendo y tú no te convertirás en nada. No eres nada, ni siquiera un mediocre escritor. ¡Mírate las manos! no son más que comunes. Todo tú eres un ser común, gracias a ti jamás podré surgir en la sociedad. He visto las noches que te desvelas por no tener dinero. No tienes más que cogerte la cara y lamentarte. Eres un ser patético que conduce a un ser extraordinario a la perdición, pero ya no te aguantaré más, aquí termina todo; me harté de ti y de esa ineptitud que propagas como plaga. ¡¡Maldita plaga!! Ya no aguanto el putrefacto olor de tus errores.

 

Eres tan inepto que todo el mundo se da cuenta. Todo el tiempo esperé que me liberes, que me dejes ser un ente estupendo; alguien que deje huella en ésta vida, pero no me dejaste.

 

Eres un pobre maldito que no surges ni dejaste surgir mi genialidad. ¡No eres nadie! me harte de ti, ¡¿Recuerdas cuando la dejaste ir a la Andrea?! Pues tú sabías  que la amaba, pero sin embargo la dejaste ir, así como a todas las mujeres lindas que se te acercaron.

 

Eres un despojo y poco a poco la gente te abandonará completamente. Hazme caso, no tienes otra salida.

Tú no te avergüenzas, pero yo no aguanto que la gente nos vea mal cuando no pagas tus deudas, cuando haces mal las cosas y no te resignas a perder, porque ¡Claro! ¡Nunca has sido un buen perdedor! pienso abandonarte, dejarte botado, ya no puedo seguir con alguien así. ¡Nunca me has apoyado! Ni siquiera cuando nos robamos aquel objeto valioso de los vecinos; tú me metiste en eso y luego me delataste, porque fuiste tú, yo nunca dije nada, no quería que quedemos mal. Aunque la idea fue tuya, otra de tus ideas absurdas que jamás han tenido un buen desenlace; sin embargo no te delaté, pero tú lo hiciste. Por eso te abandono, porque nunca me has servido para nada más que darme problemas, sé que te puedes disparar pero no lo quieres hacer. Tal vez me quieres inculpar también. ¡Mírate!, ¡Puedes hacerlo!, pero no. ¡¿Quieres que yo quede como culpable?!

 

Tratas de matarme, pero no importa, me cansé de este mundo absurdo que he vivido a tu lado, un mundo mediocre en el que no pude ver más patrimonio que las limosnas que recibíamos de la familia. Por eso me reniego de ti, porque mi vida contigo ha sido inmisericorde, y pienso alejarme de ti todo lo humanamente posible. Seguirás tu destino, pues desperdiciaste mi compañía, mi apoyo incondicional para tus ideas locas. Y no dirás que no te he defendido, porque ¡¿recuerdas el negocio?! ¡Te apoyé!, y lo defendí a capa y espada, pero tú no hiciste nada por sacarlo a flote, por eso fuimos a la quiebra.

 

¡¿Y recuerdas de aquella chica que conocimos esa tarde?! Sí, la Eunice, esa, ¡¡Recuerdas!! Cada vez la visitábamos, pero tú, como siempre. Aunque yo te hacía unas lindas cartas, porque no me puedes decir que no eran lindas las cartas de amor y poemas que le hacía para a que le entregues; pero sin embargo, fuiste dejado. Nunca la pudiste tener cerca siquiera. No eres hombre para ella como no lo eres para nadie. ¡No te soporto! quiero verte tendido en el piso ¡muerto! para ver si así se termina mi maldición, para alejarme de ti de una vez por todas. Si quieres ¡cúlpame! Di que fue en un instante de locura ¡pero hazlo! aprieta ese gatillo que ya nada tienes que hacer.

 

Este día se termina todo. Me cansé de tu maldita ineptitud, es ahora  o nunca, si tu no lo haces yo lo haré. ¡No me mires así! Porque tu bien sabes quién tuvo la culpa, no participaré aunque ésta vez soy el primero que deseo verte morir. ¡Eso esperas verdad! Que yo sea quien te mate, pero no lo haré.

 

He descubierto que solamente me usaste para tus malditos juegos, porque nada de lo que has hecho ha dado beneficios a alguien. Quiero verte morir aquí, el día de hoy, y no esperes que me vaya. ¡Hazlo tu mismo! Estoy esperando. ¡Toma aquella copa! tómatela y mátate, que ya no aguanto la presión de verte llorar con el arma en la mano.

 

¡¿Ahora te arrepientes de haberla matado, cierto?! ¡¡Ahora te arrepientes!! No tienes otra salida, ya no puedes huir como antes. Es la última vez que te acompaño, pero primero, reconoce que tuviste la culpa, que tú la mataste. No quiero que pienses que yo lo hice. ¡Tú lo hiciste!

 

Siempre pensé en trabajar honradamente como toda criatura de Dios, pero tú lo echaste todo a la basura. Has dañado todos mis planes, por eso, éste día te acabas. Así qué, o presionas el gatillo tú o lo presiono yo, pero no permitiré que sigas huyendo de tus problemas. Esta será la última vez que lo haces, por lo menos ya no te veré jamás y estaré tranquilo. ¡Y no me mires de esa forma!, porque si tú no lo haces yo lo haré…

 

Un sonido sordo apagó el silencio de la habitación, su familia entró y encontraron el cuerpo de Juan sin vida, y a su lado: el arma homicida, una botella de Wisky, y un espejo…

 

 

Onajolamat 24-01-07

 

 


Tags: CUENTO PARA SOLITARIOS

Publicado por franzstephen @ 13:50  | CUENTOS DE TERROR
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