20 de abril de 2007 14:00 – 16:00
Preámbulo:
“Desocupado lector, sin juramento me podrás creer que quisiera que este cuento, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir a la orden de la naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podía engendrar el estéril y más cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo, y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno? Acontece tener un padre un hijo feo sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas; antes las juzga por discreciones y lindezas y las cuenta a sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de Danubrio, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte casi con lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres, pues ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo, y así, puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres de ella.”
Cervantes. (Adaptación)
El poema de Danubrio.
1
Aquel poema no tiene nada de especial, no es más que un vulgar escrito como cualquier otro. Muchos han pretendido enamorarme con su poesía, y aquellos poemas no son ni la mitad de burdos como éste. Podéis llevártelo, que la belleza y la fealdad jamás han hecho pareja—. Le entregó el poema e ingresó a su casa.
Danubrio agarró cabizbajo el pergamino, y regresó tristemente por la acera. Al llegar a la plaza tomó asiento en la vereda, y con lágrimas, abrió el manuscrito para leerlo nuevamente.
Le pareció al verlo, una retahíla de lugares comunes y palabras disueltas hablando de amor.
Arebatóse de él una gran ira hacia si. Y con gran tosquedad rompió aquel tratado en cuanto pedazo podía hacerle. Luego hundió su rostro entre sus manos sollozando.
Un anciano que caminaba por aquel lugar, acercósele diciendo:
— No es de gente honorable ensuciar la calle, es una afrenta para la realeza de Samacsac.
El joven no levantó la mirada.
— ¿Quién eres forastero? —preguntó el viejo mientras hincaba su bastón en la pierna del joven.
Azorado aún, con lágrimas, regresó a ver.
— ¡No soy forastero! —dijo sollozando.
— ¡Pero si es Danubrio! —Exclamó el viejo—. ¿Qué te ha pasado muchacho?
— He pretendido enamorar a la hija del terrateniente, pero he fracasado.
— ¿Y a qué le debéis la causa de tu fracaso?
— Mi poesía ya no es la misma, se me ha agotado la inspiración: hoy tan solo son palabras vagas.
— Si buscáis inspiración mal haces al formarte reproches.
— ¡Soy dueño de mi vida, y de los actos que en ella acontecen!
— ¡Calla bárbaro petulante y escuchad lo que os diré!
El joven quedó en silencio. Un ligero viento esparció los pequeños trozos de papel por el empedrado de la calle.
— El amor—, continuó el viejo, —cuando es verdadero, debe ser sincero y puro. Más diáfano que el agua, más grande que el cielo y el mar, más hermoso que el mejor canto, y más fuerte que el temor a la muerte. ¿La amáis? —preguntó.
— Sí—. Afirmó el muchacho.
— Entonces, deberás buscar la inspiración en el “Gran Valle Dorado.” Y olvidarte de todo estilo de vida humano.
— ¿El Gran valle dorado? —preguntó interesado Danubrio.
— Sí, solamente allí encontraréis el agua más pura, el más verdoso paisaje, las más exquisitas flores, y las aves que lo habitan tienen un canto sin igual.
— ¿Y cómo podré llegar?
— Para llegar debéis primero pasar por “El Gran Cañón Oscuro de la Muerte” subir por los altos y quebradizos picos de la “Cordillera Celeste.” Al otro lado, encontraréis el “Bosque encantado” ahí debéis de tener mucho cuidado, porque habita una hada maligna que atormenta a los habitantes de la aldea cercana. Una vez que hayáis atravesado el bosque encontraréis el Gran Valle Dorado.
— ¡Os parece difícil! —exclamó el joven.
— ¡Claro que es difícil! —respondió el anciano. —Si os fuera sencillo realizar tal travesía, cualquier maltrecho podría ser poeta.
— Has hablado con sabiduría viejo sabio, pero dime: ¿Dónde se encontrase el camino para llegar a tan hermoso lugar que me habéis descrito?
— Sigue aquel sendero que va junto al río, ese te llevará hasta el Gran Cañón de la Muerte.
— ¡Muchas gracias anciano!
— ¡Esperad! —que aún no os he dicho todo.
— ¿Cuál es el enigma que aún falta por advertirme viejo sabio?
— Debéis recordar que te alejarás de toda actividad meramente humana. No matarás, ni animales, ni plantas.
— ¿Y cómo me alimentaré?
— Te alimentarás de las frutas que buenamente los árboles te otorguen, además del aire y del agua. Luego, cada día aprenderás a depender menos del alimento, hasta cuando tu cuerpo admita únicamente agua y aire como único medio para sobrevivir.
— Pero hasta las plantas y los árboles necesitan de la tierra para alimentarse.
— ¡Calla absurdo! Ellos se alimentan exclusivamente del agua y aire como os he dicho. Las raíces estrictamente sirven como medios de contención. Luego meditarás por treinta días consecutivos, solo así encontrarás la pureza que necesitas para entender la belleza de la naturaleza.
Ya habiéndose alejado un poco Danubrio, el viejo gritó:
— ¡Id contento, que os pongo toda mi fe en vuestra persona!
— ¡Muchas gracias viejo sabio! —Gritó el muchacho, y diciendo esto se marchó por aquel sendero que le había indicado su amigo. No se despidió de su familia porque sabía que lo detendrían, llevaba una bolsa de cuero de cabra amarrada a su cinturón, en ella había: la pluma, el tintero, y un rollo de papiro en blanco.
2
Muy cerca de la casa del terrateniente, Pericles, un joven de 23 años carente de suerte, se posó como todos los días en un pequeño tronco que había junto a la casa del terrateniente con su guitarra a entonar cantos populares y junto a el poso su sombrero para que algún transeúnte de buen corazón le arroje unas monedas. A veces sentía un poco de lástima por Danubrio ya que lo consideraba un buen hombre, pero sabía que la hija del terrateniente era muy orgullosa como para hacerle caso a un simple poeta.
— ¿Sabes la tonada de María Magdalena? —preguntó un hombre
— ¿Cómo? —inquirió Pericles levantando la mirada.
— La tonada de María Magdalena—. Respondió el caballero. Se trataba nada menos que del el gran Sir Percival Antonio, nombrado así por la reina, en agradecimiento por construir la capilla de la Real Piedra Santa, la más hermosa de todo el reino, ubicada en el palacio de la reina.
— Nunca creí que el mismísimo Percival Antonio me pediría tal cosa.
— No te preocupes que no pensaba acusarte de hereje, simplemente deseaba escucharla.
Pues ¡Entonces sí la sé! —Respondió con entusiasmo y empezó a entonar en su guitarra el dulce canto.
Apenas acabó de tocar, el caballero le agradeció y lanzó unas monedas en el sombrero. Al lanzarlas, Pericles distinguió el anillo con la estrella de cinco puntas en la mano del caballero y comprendió de lo que se trataba.
— ¿Qué significa “Norma leía homdagarana”? —Preguntó Pericles.
— ¿Cómo? —Inquirió sorprendido el caballero.
— ¡La placa al pie de la columna central! Dice: Norma leía homdagarana. Pensé que usted siendo el constructor de la capilla sabría su significado.
— Eres muy buen observador, pocas personas la habían notado.
— Fue accidental que fui a dar con ella, y me llamó la atención la forma de la placa, es un triangulo invertido, no he visto en ningún otro lugar algo así.
— Ello tiene un significado muy especial para mí, simboliza el logro de una gran proeza de un antepasado mío.
— Pero, qué significado tiene la inscripción.
— Eso deberías averiguarlo tú si te interesa tanto. Sabes, me gusta tu temple muchacho ¡sigue así!
Pericles se quedó con la inquietud, al cabo de un instante la mente se le disipó.
La inscripción es una…
3
Danubrio descubrió que el sendero se iba adentrando a medida que avanzaba. La nieve y el viento eran un gran obstáculo y sabía que le impedirían avanzar, por la noche buscó un lugar para descansar y dormitar. No tardó en encontrar una pequeña cueva que había entre las grietas de las rocas. El ingresar notó con mucho asombro que la cueva ya había sido habitada.
Un esqueleto reposaba en la pared posterior de la cueva. Al examinarlo, Danubrio descubrió que le faltaba un brazo, tampoco había, los huesos de la canilla izquierda y del mismo pie.
Al lado del esqueleto se encontraba una pequeña bolsa de cuero, al revisarla encontró unas extrañas piedras que Danubrio reconoció enseguida, eran para hacer fuego. Miró a su costado y vio los restos de carbón que indicaban que ahí hubo una fogata. Encontró además, un rollo de papiro semidestruido, al parecer ya escrito. También había un bote de tinta y una pluma. Al parecer se trataba de un diario o de una declaración.
Al leerlo, Danubrio descubrió que el nombre del hombre era Doren Race, al parecer de origen Nebandino. A Danubrio le pareció un poco gracioso aquel nombre ya que se trataba del anglimatías perfecto de “Encerrado” pero, su ligero gesto se iba borrando de su cara a medida que leía.
“Mi nombre es Doren Race, no soy de éstas tierras. Vine a refugiarme en esta cueva porque la nieve no me dejaba avanzar, pero al parecer cometí un error. Nunca debí acercarme al Gran Cañón de la Muerte. He visitado muchos lugares y nunca pensé que en este sitio de aproximadamente 400 km. De largo y 2000 metros de profundidad, encontraría la muerte.
No podré salir de aquí con vida, mi muerte es inevitable. Si alguien logra leer este mensaje, le aconsejo que se aleje de inmediato. Un monstruoso ser me ha atacado y estoy inmovilizado, se ha comido mi brazo izquierdo y parte de mi pierna izquierda. Pronto moriré desangrado o devorado por aquella bestia. Sería terrible morir en un lugar como éste. La bestia es terriblemente fiera, pero parece que le teme a”
Ahí concluye el mensaje, el resto del papiro estaba destruído e ilegible.
Danubrio se quedó muy asustado, y consternado por no saber a qué le tenía temor aquella bestia tan abominable. Al parecer Doren Race se dio cuenta de aquello luego del inminente primer ataque de la bestia. Trató de buscar algún objeto que le sirva para defenderse o algo a lo que la bestia le tuviera miedo, antes que lo acechara y devorara vivo.
De repente, alguien entró en la cueva.
4
La princesa Baltemisa, llamada así en nombre de la diosa de los sirios Baaltis, y Artemisa hija de Zeus y hermana de Apolo, diosa castísima del amor representada por la luna.
Era una joven dulce que bordeaba los 25 años de edad. Luego de la muerte de su padre, el Rey Carlos V y su hermano mayor, el Príncipe Miguel, Baltemisa junto con su esposo asumirían el reinado, a partir de la muerte de la Reina Victoria.
La princesa Baltemisa, era la mujer más hermosa del reino. Tenía excelentes dotes para la matemática, física y biología. Como mujer culta y de finos modales, disfrutaba de la lectura de buenos libros, tenía un gusto especial por la poesía. Aquella noche, su madre, la Reina Victoria, la llamó hasta sus aposentos para hablar de su futuro esposo, pues la princesa ya no era una niña, además, es sabido, que todos los caballeros, duques, condes y príncipes de éste y todos los reinos aledaños la pretendían, pero la princesa no se sentía atraída por ninguno. Al llegar al aposento de la Reina, la princesa supo que la noche se le iba a hacer bien larga.
5
Al llegar el amanecer, Danubrio en compañía de Anubis, (el perro que entró en la cueva por la noche, llamábale así porque al parecer, éste extraño perro negro era el guardián nocturno de Doren Race, es así que lo llamó con el nombre del dios egipcio guardián de los muertos.) Recorrieron el largo sendero que les tomó algo más de una semana hasta encontrarse con un hermoso lugar, provisto de valles, muchas flores, una gran variedad de árboles frutales y de animales diversos. Cansado y hambriento, Danubrio se dirigió casi corriendo hasta un frondoso manzano que se encontraba junto a un riachuelo de agua cristalina. Agarró cuantas manzanas podía, bebió mucha agua y llenó con ella una pequeña cantimplora que había hallado en la cueva. Anubis se acercó a beber del riachuelo, y luego emprendió una carrera tras un cervatillo que pastaba cerca del lugar.
Pasadas unas horas, Danubrio decidió continuar con su viaje, no reparó en buscarlo a Anubis que no había regresado, pensó que quizás sería mejor continuar solo. Caminó por el lapso de siete días hasta llegar al desierto, ahí recorrió con ahínco y sin descanso. Había acabado ya todas sus provisiones de comida y agua, el calor del desierto era infernal y no veía cerca ningún refugio, comenzó a tener visiones y desvaríos, hasta cuando al fin cayó inconsciente sobre la ardiente arena.
6
Danubrio despertó y no sabía dode se encontraba, estaba en una cama semidesnudo, cubierto con una manta de lana.
— Dormiste mucho—. Dijo una voz al lado suyo. Era una joven muy hermosa llevaba un vestido blanco con cuello en “V”.
— ¿Dónde estoy?
— Tienes mucha suerte que te encontraran vivo, casi nadie sobrevive en el desierto del Gran Cañón Oscuro de la muerte.
— ¿Qué pasó?
— Gracias a tu fiel amigo que alertó a la guardia de acero, se envió a una comisión a ver lo que pasaba—. Dijo ella apuntando con su dedo a Anubis que se encontraba sentado en el umbral de la puerta. Danubrio arqueó las cejas viendo al perro que movía la cola.
— ¿Pero… dónde estoy?
— Estás en la casa de “Servio I” rey de Camagarián. Tienes mucha suerte que no te hayan encontrado los soldados del reino “Yazuá” o te habrían degollado enseguida.
— ¿Cómo, o sea que hay más reinos aquí?
— Sí, en total son 4 reinos pero los más poderosos son éste y los Yazuá.
— Veo que ya ha despertado nuestro amigo—. Dijo un hombre alto y elegantemente vestido al entrar en la habitación.
— Él es su majestad, el rey “Servio I”— dijo ella.
— Buenos días su majestad—, contestó Danubrio.
— Mi sobrina—, dijo el rey apuntando a la doncella. —La bella y dulce Diana, decidió curarte en persona—. Danubrio dirigió su mirada con un gesto de agradecimiento hacia ella.
— Muchas gracias, de verdad no sé cómo pagárselos.
— Los forasteros son bienvenidos en este reino. Pero dime: ¿De dónde sois muchacho?
— De Samacsac.
— ¿Y a qué has venido por aquí?
— Me dirijo al Gran Valle Dorado.
— ¿Y no tomasteis en cuenta los peligros que pudiesen daros?
— No señor.
— Sois muy afortunado, ojala tu fortuna dure todo el viaje.
— Gracias señor.
El Rey ofreció una gran fiesta por la noche, asistieron todos los nobles, y gente influyente del reino. La bella Diana se encontraba con un radiante vestido color aceituna, todos los nobles le invitaban a bailar, pero ella no quiso hacerlo. Se sentó junto a Danubrio y le presentó a los nobles y demás gente importante del reino. Los hombres que la veían junto a Danubrio pensaban en lo afortunado que era éste por estar junto a tan bella y cotizada dama.
coninuara....
Tags: cuento recomendado