Viernes, 16 de enero de 2009

Marzo del 2004


La puerta

 

Aquella fue una noche espantosa, nadie lo va a creer. Con unos amigos deseamos hacer algo terrorífico, así que jugamos a la Ouija, cosa de la que siempre me arrepentiré.

 

La noche era fría, en el ambiente flotaba un aroma extraño. Buscamos una vieja Ouija que mi familia siempre mantuvo guardada, era de mi abuela, la cual murió antes de que yo naciera, siempre deseé haberla conocido.

 

Mis amigos lo hacían por diversión, y yo, por un fin, comunicarme con mi abuela.

 

La sesión comenzó, entre risas mis amigos bromeaban, yo, estaba muy serio, concentrado, aunque ello nos lo notaron. Luego cayó un rayo que iluminó toda la habitación, seguido por un trueno espantoso, aterrador, que estremeció hasta el último de mis huesos. Asustados, todos nos quedamos en silencio.

 

Nos concentramos. De repente el puntero empezó a moverse, preguntamos al unísono quién era, pero no respondió. El puntero se movió de un lado a otro, luego hizo círculos, y al final paró, y lentamente formó las siguientes palabras:

Estoy yendo por ustedes.

Llamaron a la puerta, pero nadie se atrevió a abrirla, oímos una voz desde afuera, era una mujer. Estaba en el pasillo, gritaba, se lamentaba, aquellos gritos eran espantosos, yo empecé a temblar. El cerrojo estaba puesto, no podía abrirla, pero parecía que iba a tirar la puerta abajo. La mujer gritaba desesperada, parecía que la puerta iba a caer, así que empujamos la cama para atrancarla. La mujer cada vez gritaba más desesperada, gritaba mi nombre. Tuve el impulso de abrir, pero me contuve, esos gritos eran cada vez más desesperados. Entonces me di cuenta, era mi abuela, algo me lo decía, aunque no podía explicar como lo sabía.

 

Me lancé a abrir la puerta, quería verla, tenía que hacerlo, pero mis amigos me contuvieron.

 

Los gritos cesaron, una de mis amigas tuvo un ataque de nervios, nos acercamos a consolarla, pero una voz grave y fuerte salió de ella diciendo palabras inteligibles, nos quedamos como piedra.

 

La mujer del pasillo comenzó a gritar de nuevo, “¡Se los advertí y no hicieron caso, ahora morirán!”

 

Mi amiga comenzó a convulsionar, casi no podíamos contenerla. Luego gritó diciendo que nos mataría. Intentamos abrir la puerta, pero no pudimos. Los gritos cesaron de nuevo.

 

Conseguimos abrir la puerta, yo salí primero, pero se cerró detrás de mí. Oí los gritos aterrorizados de mis amigos, histéricos, pidiendo socorro, pateando la puerta para abrirla.

 

Escribo mi historia cuarenta y cinco años después. Acabo de salir de la cárcel, culpado por el asesinato de mis amigos, a los cuales encontré muertos cuando conseguí abrir la puerta de mi habitación.

 

Estaban descuartizados.


Tags: NO APTO PARA MIEDOSOS

Publicado por franzstephen @ 13:48  | CUENTOS DE TERROR
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