Lunes, 15 de junio de 2009

EL HOMBRE QUE QUERÍA VOLAR  

  

 

 “Ser escritor es jugar a ser Dios”

 

“Es lo suficientemente fácil —quizás demasiado— hacer homenajes a los muertos.”

Stephen King.

 

En vida a Carlos Carrión.

30 de diciembre del 2008

 

 

D

esde niño había admirado a las aves. Se subía en lo alto de una loma y se pasaba horas contemplándolas. No tenía una preferida, aunque admiraba más a las águilas porque volaban más alto, y aborrecía un tanto a los avestruces, a los pavos y a las gallinas por su torpeza.

 

      Cuando niño, su madre sufrió mucho cuidándolo. Muchas veces pasó vergüenza por su culpa, como la vez que se metió en el corral de uno de los vecinos, con tijeras en mano, y trasquiló a cada una de las cuarenta gallinas ponedoras y tres pavos reales que iban a ser vendidos a un extranjero. O como aquella vez, que por andar tras del pavo que se subía en el soberado de la casa, no pudo bajar en toda la tarde por miedo a caerse; y ella tuvo que pedir ayuda a los vecinos para bajarlo en medio de los alarmantes gritos del muchacho.

 

      Más de una vez le curó los golpes de sus caídas, y hasta tuvo que pasar tres noches en el hospital, cuidándolo de las abolladuras que sufrió al caerse de un árbol de guaba, donde se propinó múltiples golpes en la cabeza y la fractura de su brazo izquierdo.

 

      Si tal vez fuese como su hermano menor, el que no sueña con pájaros ni con querer volar, el hijo “normal” el que va a la escuela todos los días y la hace sentir orgullosa a fin de año, cuando su profesora lo muestra ante todos, padres de familia y compañeros, como el niño ejemplar, mostrando orgulloso su libreta atiborrada de buenas calificaciones. Pero su padre no estaba ahí para verlo, porque nunca pudo perdonarla por haberle dado un hijo retrasado: vos tienes la culpa, María, vos me has dado un hijo “mudo”, este otro a de salir igual. Le repetía cuando ella estaba embarazada de Andrés, así se llamaba el hijo menor. Y la abandonó por una mujer de la ciudad, de quien dijo que sí podía darle hijos normales.

 

      Manuel seguía a los patos, a las gallinas y a los pavos. Corría tras de ellos por el patio, moviendo sus brazos de arriba a abajo como si aleteara. Alargando su cuello hacia adelante y repitiendo con voz ronca ¡hu, hu, hu, hu! Escapándolos de pisar; hu, hu, hu, hu. 

 

   María, si al Manuel deberíasle de enviar al Lorenzo Ponce, decía una. No, comadre, allá dizque es caro, y es que les pegan, decía otra. A su hijo debería encerrarlo, porque en una de esas se va a matar, le dijo el vecino, el de las gallinas.

 

    Aquella tarde, Manuel bajó de la loma. Su madre preparaba la merienda, por aquella costumbre que tienen las mujeres de la sierra, de comer pronto. Comenzó a seguir a las gallinas como casi todos los días. La colorada, que era la que más le gustaba, se trepó en el guabo. Él subió para alcanzarla, pero ésta, voló más arriba. Manuel no se intimidó y ascendió, la gallina viéndose acorralada subió más.

 

           María se encontraba en la cocina, lavando el arroz; cuando escuchó el ruido de una rama al romperse y el grito de su hijo Manuel. Ella soltó inmediatamente la olla, y todo el contenido cayó en las paredes y el suelo. Un viento helado recorrió su cuerpo y pareció que el corazón se le detuvo por un instante, y como en cámara lenta fueron llegándole las imágenes y las ideas mientras corría hacia el patio trasero.

 

¡Ahora sí se mató el mudito! Otra vez al hospital, ¡por qué Dios mío me pasa esto a mí! ¡Maldito vos Víctor que me abandonaste! ¡Qué voy a hacer si no hay plata ni para enterrarlo!

 

      Cuando salió; vio a su hijo aún en el aire, estático, como si flotara. Luego vio cómo desplegó el vuelo atrás de una bandada de patos, rumbo al sur. Moviendo los brazos de arriba a abajo y con su cuello estirado hacia delante. Mientras con su ronca voz repetía interminablemente ¡hu, hu, hu, hu! Hu, hu, hu, hu. Hasta desaparecer entre las nubes.

 

 

Onajolamat, trina decadona IICCO

Nota: En algunas partes del Ecudor se les dice mudos a los enfermos mentales.


Publicado por franzstephen @ 17:48  | CUENTOS FICCI?N
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios