Lunes, 15 de junio de 2009

BRIGITTE

 

 

      Como un rito milenario, sin luto y sin aroma. Abres la puerta, miras hacia afuera, el agua cae como si traspasara un colador gigante, cubriendo la calle de apurados transeúntes.

 

      Al principio ni siquiera intentó quedarse, sonreía apenas y respondía ceremonioso.

 

      Esa noche estuvo furioso tras la puerta, como aquellos viejos que esperan a sus hijas a media noche, mirando el tumbado blanco con arañas en los rincones, logrando apenas mantener sus manos quietas.

 

      La noche, particularmente fría, deja ver la profundidad de una ciudad tranquila, o al menos, tranquilizante desde hace algunos años. Fue cuando aseguraste que el cielo se te había caído porque pensaste que no te perdonaría, que quizás merecías que te corte la cabeza de un tajo.

 

      Entonces te entregó ese regalo que había esperado dártelo en toda la noche, y tú no pudiste contener las lágrimas, ahogada en la vergüenza.

 

      Ha dormido una hora en toda la noche. No es que no se haya acostado a dormir; el malestar de no saber dónde te encontrabas repiqueteaba en sus sienes a cada instante.

 

      El sol a las seis de la mañana parecía conspirar contra tu tardanza, él coge tus manos, mientras tú intentas esbozar la sonrisa gastada que te había salvado en tantas ocasiones.

    

      Pero en esta ocasión las cosas están variando. El recuerdo de la noche anterior  se va adueñando de tu cabeza y la imagen de aquel hombre se te aparece. Está mirándote a los ojos y con sus dedos te besa ligeramente los labios. La imagen se esfuma cuando miras hacia afuera, hacia la calle, mientras ves a tu novio que se pierde entre la multitud.

 

 

 

Onajolamat, decaexa prima IICCN


Publicado por franzstephen @ 17:50  | CUENTOS FICCI?N
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