DORA
Saca de su cartera un lápiz de labio, abrela boca en forma de O y la enciende de una sola pasada. Camina por las sombras,con sus jeans oscuros, ceñidos, que demuestran el vaivén de sus caderas. Llegó a la cantina y se abre paso entre losque, entre copa y copa, tantas veces desearon tocarle el trasero.
Se detiene en una mesa, mira a los ojos auno de ellos, pone su zapato de tacón de diez puntos sobre una silla y seinclina hacia él. –Si quieres tenerme en la cama, tendrás que hacerme gritar.–Le dice-. Vacía suavemente un jarro de cerveza sobre los pantalones del hombrey luego le clava su dedo en la quijada, lo trae hacia sí, lo abofetea con talfuerza que en la cara se distingue una marca de mano, blanca, que poco a pocose va haciendo roja. Le sonríe, y sale del lugar con una mano puesta sobre suscaderas, con el dedo de en medio haciendo un gesto obsceno en señal devictoria.
Onajolamat, decaigtha at primaIICCN
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