Lunes, 15 de junio de 2009


 

“Sólo el que ensaya lo absurdso,

Es capaz de conquistar lo imposible.”

Miguel de Unamuno.

 

 

LA CASA SINIESTRA

 

     El interior lo encontré trascendentalmentelúgubre, tal como lo esperaba. Aquella casa tenía mala reputación, algunos delos vecinos aseguraban que estaba hechizada.

 

     Tenía casi todo el revestido en pedazos, yel tumbado estaba en trance de caer al suelo.

 

     Unos momentos después, se abría de par enpar la puerta principal y dejaba paso a la silueta de una mujer delgada quecaminaba erguida y parsimoniosa sobre la yerba. Tenía el rostro pálido y elcabello muy oscuro. Sostenía en una mano una copa dorada, y en la otra, uncráneo completo. Vació el contenido de la copa sobre el cráneo, era sangre, yvi cómo lentamente se formaba la cabeza de un hombre, con los ojos abiertos yhacia arriba como al momento de morir.

 

     De repente, los ojos de la cabeza memiraron, y sentí como si mi alma regresara al cuerpo. Un viento helado cerró lapuerta de un portazo y apagó mi lámpara de combustible, quedé en oscuras,inmóvil, petrificado.

 

     Revisé mis bolsillos en busca de losfósforos, cuando encendí uno, vi a la mujer delgada que estaba al frente mío,con su rostro pálido y sus ojos vacíos. Agarró mi rostro con su mano huesuda yme desvanecí enseguida.

 

     Había pasado una hora desde mi encuentrocon aquella mujer. Decidí pasar el resto de la noche en el auto, aunque conmiedo de que de repente se apareciese detrás de mío, y que con su horrendafuerza presione mi cuello hasta causarme la muerte y extirparme los ojos,dejando en su lugar dos cuencas vacías y sangrantes.

 

     Aquella noche estuve leyendo hasta que elsol apareció en el horizonte.

 

     Revisé mi rostro en el espejo retrovisor,y observé unas marcas sangrantes de uñas en mis pómulos. Encendí el motor, puseen marcha el auto, dispuesto a no regresar más a ese lugar. Mientras mealejaba, vi por el espejo a una mujer parada junto a la puerta, pálida, vestidade negro, que con su delgada mano se despedía.

 

 

    Onajolamat, decaigtha at prima IICCN


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Publicado por franzstephen @ 17:55  | CUENTOS DE TERROR
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