Lunes, 15 de junio de 2009

MICRORRELATOS CON EL MISMO INICIO

 

 

 

Amigos

En la puerta había una gorra negra, sucia y desgastada, la usaba siempre que decidía salir de pesca; por eso lo reconoció, por la gorra. Lentamente armó el rifle, hizo girar con suavidad el pomo de la puerta; dispuesto a matar a su mujer y a su amante, aquel que un día fue su mejor amigo.

 

 

 

El partido

En la puerta había una gorra negra, él la tomó y salió a jugar futbol con sus amigos. Su abuela lo observó desde la ventana, con el conjunto de lana y bordados sobre el regazo, y frente a ella el televisor con el programa “Sábado Gigante” a todo volumen. Había terminado el partido y su equipo perdió tres a cero, él, desilusionado, regresaba. El asesino entró en la casa y logró una pequeña cuerda plástica; y silenciosamente se puso tras la anciana. Cuando el niño llegó a la puerta, dos de sus amigos lo invitaron a tomar helados, él quitó su mano del cerrojo y se fue con ellos, mientras su abuela pataleaba sin aire entre las manos asesinas.

 

 

 

 

Cuestión de negocios

En la puerta había una gorra negra, era la preferida de papá, no sabía si tirarla o conservarla, ya que sólo me traía malos recuerdos. Mi papá siempre pasaba imbuido en sus negocios, para él, todo giraba en torno al comercio; y me pedía que de grande fuese como él, ¡válgame Dios! ¡Como si no hubiese en el mundo otra cosa que hacer! Lo quise mucho a papá, ¡lástima que haya muerto tan pronto! La gorra era de buena calidad; pero nunca deseé lucir una; así que, como un homenaje póstumo, decidí venderla.

 

 

 

 

 

Disfraces

En la puerta había una gorra negra, en el piso una blusa amarilla, sobre una silla reposaban unas medias de seda, y al lado, una peluca rubia; aquellos eran los utensilios que usó el asesino de los disfraces para realizar el crimen de la prostituta la noche anterior.

— ¡Venga a ver esto, jefe! —llamó su compañero.

El detective fue hasta la otra habitación, en donde su colega le mostró un guardarropa lleno de disfraces para toda ocasión, payaso, bombero, albañil, mendigo, médico, Pero faltaba uno, ¿Cuál será?

—No lo sé, jefe —respondió el asesino al momento que se quitaba la máscara.

 

 

 

 

Viajeros

En la puerta había una gorra negra, que él siempre se la ponía antes de salir de viaje, pero ésta vez decidió dejarla. El chofer del tráiler Nro. 19, recorría la carretera con nostálgica premura; hacía dos días que había enterrado a su mujer, en el cementerio de Kirtland por ser más cercano. Mientras conducía, con temeridad y sobridez, recordaba a su esposa Soraya, que a veces lo acompañaba en los viajes.

—Mi amor, te amo. —dijo ella.

—Yo también, mi vida. ¿Nos volveremos a ver?

—Tal vez, mi amor; pero ahora, me tengo que ir.

—No te vayas, aún.

Ella, vestida de blanco, desapareció en la orilla; él, dispuesto a seguirla, se lanzó al precipicio.

 

 

 

Celos

En la puerta había una gorra negra que él dejó accidentalmente. Dijo que se reuniría con unos amigos y sin embargo, lo vio en el mall con una pelirroja; le compró el pañuelo azul que Johana tanto había deseado y se lo puso alrededor del cuello.

Diario Local:

“Universitario asesina señorita” La víctima, una pelirroja, sus labios mutilados, junto a ella, una gorra negra con un nombre en la etiqueta.

Johana paga el periódico, se pone el pañuelo azul, y regresa a casa silbando.

 


Tags: microrrelatos, microcuentos, terror, horror

Publicado por franzstephen @ 18:36  | MICROCUENTOS
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