Viernes, 14 de junio de 2019

Me Reniego, Antonio Campoverde


Antonio Campoverde


CAPITULO 2


LA BIBLIA DEL NACIONALISMO


Hemos visto que han sido los libros más importantes de la historia del hombre, los que han sostenido imperios e ideas que imperan y evolucionan a la humanidad por un tiempo determinado.

Cuando hablamos de nacionalismo, únicamente podemos pensar, la mayoría en Hitler, en los pobres judíos que fueron exterminados en los campos de concentración, campos de trabajo que cada vez, a medida que pasa el tiempo, les es más difícil sostener el argumento de que metían cientos de personas con el pretexto de darles una ducha y luego echarles gas. Poco menos ha hecho la literatura y el cine por esclarecer la verdad, más bien, parece que a mayor pesar, mayor tragedia, mejores y más reconocidas se convierten las obras.

He leído de Hitler que era un simple soldado, sin dotes de liderazgo que llegó a ser el líder de Alemania, la Alemania que hoy vemos, la que nos deslumbra con sus avances tecnológicos, esa Alemania, no puede sucumbir ante el peso de un de un pobre iluso que tenía a todo el mundo político en contra, si no existía liderazgo desde el comienzo, nadie, podría darle siquiera dinero para emprender esa lucha política enorme como fue la reconquista de Alemania.
Sin embargo, no quiero parecer un antisemita, no estoy en contra de los Judíos como personas, de hecho, no conozco nada acerca de su cultura, solo conozco los apellidos de judíos nacionalizados españoles que se encuentran en todas las esferas del gobierno, de los negocios, del sistema financiero. Sin embargo, por más que busco a mi gente, no la encuentro en ningún sector importante del Estado, podremos encontrar miles de mayores de policía, tenientes del ejército, generales, ministros, directores distritales, banqueros, todos ellos, con apellidos que terminan en (ez) siendo la terminación EZ, como la placa recordatoria en la sangre de todo el nacido en cualquier país del mundo, que no sabe sus orígenes, y que necesita tener para volver algún día a su lugar de origen.

Ya lo digo, y lo reitero, esta es una sublevación pacífica, porque conocemos el sufrimiento que tuvo Cristo y conocemos cómo a través de su propaganda, sus medios de comunicación sus películas, sus políticas, etc., han dañado para siempre la imagen de Adolf Hitler, una persona que hizo por Alemania, lo que ningún Correa, ni Moreno, ni Mahuad, ni Nebot, ni Zoneholzner, ni Martinelli, ha hecho por este país nunca.
El Estado, no es de todos, el Estado no nos pertenece, si nos perteneciera algún sitio importante del Estado, ya habríamos visto a más ministros de apellido: Anchundia, Curimilma, Anchaluiza, Quizhpe, Campoverde, y menos Casinellis, Martinellis, Morenos, Correas, Fernandez, Sánchez, Rodríguez, Farez, Enríquez, Martínez, etc.

Conocemos el alcance del poder del silencio, es lo único que conocemos, si estamos en silencio, no nos quitan la poca miseria que recibimos de nuestra propia riqueza. Y allí viene la pregunta:
¿Por qué tenemos tanto miedo de representarnos a sí mismos?
Puedo ver a nuestra sangre día a día en las calles, en los mercados, en las ferias populares, en los comedores para indigentes, pero no puedo ver, y no es por ceguera, ni un pariente de nuestra sangre en carros de lujo, a menos que tenga un apellido extranjero. Esto no es cuestión de nacionalismo, no es cuestión de patriotismo, no es cuestión de antisemitismo, esto es cuestión de igualdad.
En los territorios de los pueblos ancestrales existen minerales importantes para la economía del país, y quienes son los ilegales: los Anchundias, los Curimilmas, los Campoverdes, y ¿quiénes son los legales? Las empresas de ellos, independientemente del origen, desde Canadá hasta Chile, únicamente son ellos quienes absorben toda la riqueza, utilizan sus Estados “soberanos”, para desplazar pueblos y matar a los líderes de las comunidades. Una respuesta tan atenta a este problema, es el “holocausto judío”, pero no se habla del holocausto de los indios de América. No, eso es que ellos, los judíos, vinieron a civilizarnos, a enseñarnos, partiendo en dos a nuestros hijos con sus espadas y violando a nuestras mujeres, robando nuestros recursos, así nos enseñan ellos. Ellos siempre son santos, y como son santos, no hay cómo tocarlos, porque mandan en las religiones, podemos encontrar curas con apellidos de indios, pero no encontraremos obispos, cardenales y peor aún, algún Papa en la historia de la humanidad que haya sido de nuestra raza. Si vamos a una comunidad religiosa de monjas, encontraremos que las blanquitas, las bonitas, las de apellido “español”, siempre están arriba y tienen sus buenos cargos de dirigentes, pero las de antecedentes indios, ellas solamente permanecen abajo en su sociedad eclesiástica. Si vamos al ejército, solamente los cargos más bajos pertenecen a nuestra raza originaria. Los demás cargos importantes, los que en las guerras responden desde lejos, desde las oficinas, y son los que se adueñan de los presupuestos de guerra, esos, son sujetos como Paco Moncayo, Antonio José de Sucre, Simón Bolívar, ninguno de ellos fue indio; si se organiza el pueblo, como en el caso del rey indio ecuatoriano Daquilema, entonces lo destruyen, y nunca el Estado de ellos, pagará esos crímenes. Esos grandes hombres ilustres del pasado, siempre fueron hacendados que tuvieron cientos de indios como sus esclavos. ¿Acaso ese es el verdadero sentido de libertad?

Sin embargo, pese a todo lo que hemos visto en la vida real, aún hay ciertos cientos de millones de indios que creen que todos somos iguales, que la patria es solo el lugar donde se nace y que ellos son tan patriotas como nosotros porque ellos son los que componen las canciones que nos incitan a luchar a nosotros, o porque uno de ellos se para delante de una marcha donde todo el tumulto del pueblo es el que termina recibiendo las balas de los más bajos policías y militares, de los más bajos instintos humanos, entrenados para no tener razón de lo que hacen, para creerse blancos, judíos y superiores, pero que son así mismo, apellidos runas como los nuestros, utilizando la palabra runa para distinguirnos como nativos.

El problema es que el pueblo piensa unitariamente: “a mí no me ha de tocar, yo sí tendré suerte en la vida”, aunque en la realidad sus padres hayan sido sirvientes, campesinos, mozos de hotel, taxistas, militares de bajo rango, empleadas domésticas, policías municipales, policías de tránsito, indigentes, iletrados, y sin duda, la historia perdure, porque jamás obtendrán los trabajos que puedan pagar una buena educación para sus hijos, y aunque la tengan, tampoco son admitidos en las entidades en las que, ellos, con o sin los conocimientos establecidos, aún siendo novatos o completamente ignorantes en algún asunto de categoría, gozan del beneficio de los puestos y de los sueldos que los diferencian de la sociedad común, y luego, se justifican diciendo que somos vagos, que somos millones y millones de indios vagos, tontos, feos, y todo lo que ellos nos metieron en la mente que debemos pensar, y ellos nos indican, que debemos ser blancos o al menos fingir ser blancos, para poder alcanzar aunque sea un puesto de lamebotas de algún político de escaso valor.

Todas las ideologías importantes en la historia, han tenido sus tratados fundamentales que han logrado establecer el rumbo de las nuevas sociedades divididas como la nuestra, o que han perecido gracias al saqueo por parte de estas personas que tenemos bien definidas quienes son. El pensamiento del Ecuatoriano y del latinoamericano común es que todos los políticos son ladrones, pero, lo que no vemos, es que eso es así porque nosotros lo permitimos, y porque no vemos, o no queremos ver, que la mayoría de políticos son de esa raza diferente a la nuestra y ellos son quienes crean la escuela, para los pocos indios que triunfan siendo los pelafustanes de aquellos que siempre han dominado y dominarán todos los países conocidos, si es que nosotros no comenzamos a actuar de acuerdo a las circunstancias.

Ellos no se tocan, si algún juez indígena, ejerce la justicia indígena con su propia gente, está bien, pero si juzga a uno de ellos, ese juez indígena es juzgado como un delincuente común, sin que las autoridades tengan respeto a su autoridad o a las leyes que lo avalan. Si las leyes existieran, esos jueces que se atreven a desacatar las decisiones legítimas de los jueces indígenas, tienen y deben ser sentenciados a través de la justicia indígena, para establecer un precedente en la política nacional y además, debería demandarse con justa razón, al Estado Ecuatoriano, por permitir ese desacato a las leyes.
Solamente la unión continental de nativos o naturales, desde Alaska hasta Chile, podrá, quizás otorgar un cacicazgo que ejerza algún tipo de poder que tal vez sea tomado en cuenta por las organizaciones de estados como la ONU, que son organizaciones donde la mayoría de los asistentes, pertenecen a su raza, y donde los indios nunca han sido ni serán escuchados.
¿Hablamos del comunismo de Fidel Castro Ruz? Es otro de ellos, no sirve como parte del pueblo. ¿Hablamos del socialismo ciudadano de Correa Delgado? Es otro de ellos, por eso muchos indios que asistían afanosamente a las reuniones políticas, nunca pudieron tener un trabajo, mientras que veían a muchos recién llegados del extranjero, que ocupaban los cargos más importantes del Estado Ecuatoriano.

Otro de nuestro problema, es que el runa de poncho descendiente de los incas, se cree mejor que el nativo que no tiene claro cuál mismo es su etnia de origen, por ello, esos indígenas se apegan al opresor y se creen superior a los naturales, que somos quienes ya hicimos caer su imperio una vez, y que fuimos traicionados por los judíos españoles católicos. Aunque, para estos seres, runa o nativo da igual, ellos son ellos, ellos se creen españoles y nosotros indios, muchos, los de más bajo rango, desconocen de que son descendientes de judíos.

El Cacique debe ser Continental, y debe reunir todo el poder popular de Abba Yala y de Norteamérica. Nuestro sistema económico y político debe diferenciarse del de ellos, debemos demostrarle al mundo que somos y que existimos para ser. Este es un llamado también para los Saraguros, Salasacas, y todos los pueblos runas que se creen que son diferentes a nosotros, pero en realidad no poseen barba ni calvicie, y que para ellos, da igual, somos igual de esclavos, somos igual de inferiores.

Hago el llamado al pueblo Saraguro, porque he notado su afán de embeberse de un falso orgullo que no poseemos todos los naturales, y porque están cerca y vinieron a acercarse a estas tribus con el afán de ser mitimaes y de cruzarse con nuestros pueblos. Hoy por hoy, el resultado de la guerra de hace 500 años es evidente, ni ellos ganaron el liderazgo, más bien lo perdieron, ni nosotros pudimos conservar la libertad.
Hoy por hoy, retomamos el principio del cacicazgo como prioridad ante una emergencia mundial, somos un pueblo libre, no poseemos emperadores ni reyes, ni nunca los tuvimos, pero en tiempo de guerra, nuestros pueblos nombraban caciques para librar una guerra que no puede ser librada individual o familiarmente.

Sin embargo, es necesario crear una estructura fuerte, sin infiltrados que se integran en los movimientos indígenas, ecologistas u otros, con el afán de sabotear a sus líderes; esta estructura, debe estar libre de apellidos extranjeros, de gente blanca de abundante barba o calvicie: los reconocemos, y los separamos, tal como ellos hacen con nosotros, tampoco los dejaremos entrar en nuestras estructuras sociales, ni mucho menos, intentaremos imitarles en su color de piel con maquillajes o cremas blanqueadoras. Hoy por hoy, seremos lo que somos: nosotros mismos.


Publicado por franzstephen @ 19:30  | POLITICA
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